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Ferrari y Vettel conquistaron territorio Hamilton

Por primera vez en la historia tuvimos Fórmula 1 por tercera semana consecutiva: el Gran Premio de Gran Bretaña en su septuagésima edición, disputado en el tradicional circuito de Silverstone. Allí, Lewis Hamilton buscaba su sexta victoria en casa para superar de manera definitiva las cinco victorias de Alain Prost, con quien iguala Lewis, a más de pretender obtener su quinta victoria consecutiva corriendo frente a público.

Pero también allí estuvo Sebastián Vettel y su Ferrari para impedírselo tras una carrera accidentada y muy emocionante en la que la escudería italiana acabó con el dominio de Mercedes en suelo británico de los últimos 4 años, al igual que Vettel con la supremacía de Hamilton en las últimas cinco temporadas. Fue ésta la victoria 18 de la escudería italiana en Inglaterra, donde Ferrari obtuvo la primera victoria de su mítica historia en Fórmula 1, en julio de 1951, a manos del argentino José Froilán González. Es decir, un gran día para los de Maranello, que no ganaban acá desde que Fernando Alonso lo hiciera por última vez en 2012.

De igual manera, una gran victoria de Vettel, la cuarta este año, igualando de esta forma las 51 de Alain Prost, el alemán y el francés los terceros más ganadores detrás de Michael Schumacher (91) y Lewis Hamilton (65). Pero, además, sonado triunfo por su gran conducción, esta vez sin cometer errores y, sobre todo, sin precipitarse cuando, por ejemplo, tuvo que darle la “estocada final” a Valtteri Bottas en el último tramo de la carrera para, de esta forma, recuperar la punta tras perderla en su segunda entrada a pits para cambiar llantas en el momento en que se dio la primera neutralización de la carrera debido al fuerte accidente de Marcus Ericsson, del cual, afortunadamente, el piloto sueco salió completamente ileso; neutralización que, en cambio, Mercedes no aprovechó para seguir los pasos, no solo de Ferrari, sino de Red Bull también, de montar caucho fresco para el sprint final que se venía.

Una decisión inexplicable por parte de Mercedes, que viene a ser la segunda decisión estratégica equivocada y de manera consecutiva del equipo alemán si tomamos en cuenta el fallo que también cometieron una semana antes en Austria. Entonces, de igual manera con carrera neutralizada, no llamaron a Hamilton a cambiar llantas cuando los de Ferrari y Red Bull sí lo hicieron. Como consecuencia, esto hizo que Hamilton cayera del primero al quinto puesto antes de tener que abandonar.

Es ahí donde Mercedes y Lewis pierden la carrera en Silverstone, algo por lo que Hamilton debe sentirse molesto, más que por el golpe que recibió por parte de Kimi Raikkonen en el arranque de la carrera ya que, al final, el toque no incidió en el resultado: con los dos Safety Cars que se dieron, todos los autos se volvieron a juntar justo en el momento en que Hamilton ya estaba de vuelta en el tercer puesto, el mismo en el que estaba cuando se suscitó el incidente con Kimi y, además, detrás de los mismos Vettel y Bottas. El mal arranque por parte de Lewis hizo que este no pudiese capitalizar su Pole Position del sábado con una buena salida y condicionó su carrera, puesto que cayó del primero al tercer lugar y, lamentablemente, enseguida vino el desafortunado toque con Raikkonen, sin duda el culpable absoluto del incidente, y por lo que recibió su respectiva sanción de 10 segundos estacionado en pits para, de ahí, también el finlandés, remontar hasta el tercer peldaño del podio luego de caer hasta la octava posición. Bajo ningún punto de vista hay que ver en el incidente una maniobra premeditada y maliciosa por parte de Kimi pensando en arruinarle la carrera a Lewis.

Efectivamente, han sido dos competencias consecutivas en que un Ferrari ha golpeado y perjudicado a un Mercedes en la partida de la misma: Vettel a Bottas en Francia (en que el de Ferrari también se vió perjudicado), y ahora Kimi a Hamilton en Inglaterra. Pero han sido situaciones producto de la calentura y la efervescencia del duelo tan cerrado que tiene enfrentados a Ferrari y Mercedes desde la temporada pasada, más que por cualquiera otra situación antideportiva y mal intencionada como Mercedes y el propio Hamilton eventualmente han sugerido.

A mi entender, una suspicacia por demás desatinada de los alemanes en lugar de hacer un “mea culpa” por sus malas decisiones estratégicas en carrera ya que, finalmente, lo que sucedió es que tanto los pilotos de Ferrari como los de Red Bull fueron a definir la competencia con llantas nuevas y de compuesto más blando frente a los dos Mercedes cuyos estrategas prefirieron dejarlos en pista con llantas usadas y de compuesto más duro en vez de también llamarlos a pits a cambiarlas, con lo cual era evidente que Vettel y Raikonnen iban a tener una ventaja de adherencia al asfalto sobre Hamilton y Bottas en las 10 vueltas finales luego de las dos neutralizaciones que se dieron en ese punto del Gran Premio.

Y eso es exactamente lo que pasó: Bottas se quedó sin caucho, cayendo del primero al cuarto puesto, mientras que Hamilton logró terminar segundo, resistiendo a los ataques de Kimi pero sin poder ir a buscar a Vettel, que de esta manera se quedó con una justa y muy merecida victoria.

En Silverstone, una pista muy rápida, la potencia de los motores es clave, por lo que la falta de caballos de fuerza de las unidades de potencia que propulsara los Red Bull se hizo sentir crudamente para Daniel Ricciardo y Max Verstappen, que simplemente no pudieron seguir el ritmo de los Ferrari y Mercedes. Además, Verstappen debió retirarse por un problema de frenos al tiempo que Ricciardo terminó quinto y muy lejos de poder rivalizar con los cuatro punteros.

Con su victoria, Vettel mantiene la punta del campeonato, 8 puntos por delante de Hamilton, mientras que Ferrari hace lo propio con Mercedes en el campeonato de marcas: 20 puntos los separan ahora con 11 carreras aún por delante.

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